ROMANCE DEL GALÁN Y LA CALAVERA
Pa misa diba un galán
caminito de la iglesia
no diba por ir a misa
ni pa estar atento a ella,
que diba por ver las damas
las que van guapas y frescas.
En el medio del camino
encontró una calavera
mirárala muy mirada
y un gran puntapié le diera;
arregañaba los dientes
como si ella se riera.
- Calavera, yo te brindo
esta noche a la mi fiesta.
- No hagas burla, el caballero
mi palabra doy por prenda.
El galán todo a aturdido
para casa se volviera.
Todo el día anduvo triste
hasta que la noche llega:
de que la noche llegó
mandó disponer la cena.
Aun no comiera un bocado
cuando pican a la puerta.
Manda a un paje de los suyos
que saliese a ver quién era.
- Dile, criado, a tu amo
que si del dicho se acuerda.
- Dile que sí, mi criado
que entre pa ca norabuena.
Pusiérale silla de oro
su cuerpo sentara’n ella:
pone de muchas comidas
y de ninguna comiera.
- No vengo por verte a ti
ni por comer de tu cena:
vengo a que vayas conmigo
a media noche a la iglesia.
A las doce de la noche
cantan los gallos afuera,
a las doce de la noche
van camino de la iglesia.
En la iglesia hay en el medio
una sepultura abierta.
- Entra, entra, el caballero,
entra sin recelo’n ella:
dormirás aquí conmigo,
comerás de la mi cena
- Yo aquí no me meteré,
no me ha dado Dios licencia.
- Si no fuere porque hay Dios
y al nombre de Dios apelas
y por ese relicario
que sobre tu pecho cuelga,
aquí habías de entrar vivo
quisieras o no quisieras.
Vuélvete para tu casa,
villano y de mala tierra,
y otra vez que encuentres otra,
hácele la reverencia,
y rézale un paternóster,
y échala por la huesera;
así querrás que a ti t’hagan
cuando vayas desta tierra
(Recogido por don Juan Menéndez Pidal, y recitado por Josefa Fernández, vecina de Curueña, Riello (León), en1889)
Hay también una versión gallega (1903) y dos del Bierzo (1905) publicadas por Víctor Said Armesto en 1908 y una chilena recogida antes de 1906.
En ellas el galán unas veces se salva y otras se condena para servir de escarmiento |
EL CONVIDADO DE PIEDRA
Por las calles de Madrid,
va un caballero a la iglesia
más va por ver a las damas
que por oir las completas.
Se ha acercado allí a un difunto
que está en imagen de piedra
le ha agarrado de la barba
y le dice de esta manera:
- ¿No te acuerdas capitán,
cuando estabas en la guerra
gobernando mil batallas,
gobernando a tus banderas?
Yo te convido esta noche
a sentarte a la mi mesa.
El difunto que no duerme
en olvido no lo echa.
A eso de la media noche
llega el difunto a la puerta
Y le baja a responder
un criado de la mesa.
- Criado, dile a tu amo,
que el convidado de piedra
que convidó a San Francisco
viene a cumplir la promesa.
Le han acercado una silla
para que se siente en ella.
Hace que come y no come,
hace que cena y no cena.
- Yo te convido mañana
a cenar a la mi mesa.
El caballero asustado,
al confesor le da cuenta.
El confesor le responde:
-Hijo comulga y confiesa
y lleva este relicario
que te sirva de defensa.
Al toque de la oración,
va el caballero a la iglesia
ve dos luces encendidas
y una sepultura abierta.
- Arrímate, caballero,
arrímate acá, no temas,
tengo licencia de Dios
de hacer de ti lo que quiera.
Si no es por el relicario
que traes para tu defensa
te había de enterrar vivo
aunque Dios vida te diera,
porque otra vez no te burles
de los santos de la iglesia.
[Romance cantado por Joaquín Díaz] |